“Debemos comprender la tecnología, evaluarla, usarla si nos empodera y evitarla cuando nos perjudique”
ANÁLISIS EN PROFUNDIDAD
Por Marcus Fontoura
Mientras ultimaba un proyecto sobre plataformas digitales, empecé a reflexionar sobre el poder que las personas tenemos como usuarios de estas tecnologías, y como individuos. Esa capacidad de acción humana ─presente tanto a nivel personal como organizativo─ resulta evidente no solo en el uso actual de la IA, sino también al proyectar el potencial futuro de la computación cuántica.
Los contenidos que consumimos se centran, cada vez más, en lo que la tecnología hace por o con nosotros, como si fuéramos meros observadores. No obstante, todos y cada uno de nosotros, con independencia de nuestros conocimientos técnicos, tenemos capacidad de acción y decisión. Los humanos somos seres autónomos, actuamos por cuenta propia. Y, como tales, ¿acaso no tenemos la obligación de comprender las fortalezas y debilidades de la inteligencia artificial y de la tecnología que utilizamos en nuestra vida diaria? Mi respuesta es un sí rotundo.
Soy experto en ciencias de la computación, aunque ante todo soy un ser humano que tiene hijas y desea construir un mundo mejor para ellas y para las futuras generaciones. Me interesan la tecnología, las personas y cómo interactúan entre sí y se influyen mutuamente. La primera idea que quiero transmitir es esta: la capacidad de acción humana es la mejor herramienta para moldear el impacto de la tecnología en nuestras vidas. Debemos comprender la tecnología, evaluarla, usarla si nos empodera y evitarla cuando nos perjudique. Esta idea se basa en el concepto de machine usefulness ─o utilidad de las máquinas ─ acuñado por los economistas del MIT y premios Nobel Daron Acemoglu y Simon Johnson en su revelador libro Power and Progress. Más que ser inteligentes o eficientes, los sistemas informáticos deben, por encima de todo, mejorar la experiencia humana.
La capacidad de acción humana es la mejor herramienta para moldear el impacto de la tecnología en nuestras vidas
La segunda idea clave es algo que damos por sentado: cómo lograr un impacto positivo en la sociedad a partir de mejoras en la eficiencia. Este término necesita modernizarse urgentemente para adaptarse al contexto de las tecnologías actuales. Al principio, las computadoras se desarrollaron para agilizar el cálculo numérico; hoy en día, han transformado todos los aspectos de la vida humana. Así, con el tiempo, hemos conseguido hacer más con menos. Los problemas que enfrentamos como sociedad ─como el cambio climático, el hambre, la atención médica, el crecimiento y la productividad─ son, en esencia, cuestiones de eficiencia. Por ello, resolverlos requiere de soluciones que impulsen una mayor productividad en la manufactura, la agricultura, la farmacología y la industria en general.
Comprender la tecnología
¿Cómo podemos desarrollar nuestra capacidad de acción humana a medida que aumenta la eficiencia tecnológica? Si queremos construir un mundo mejor, ambas tienen que evolucionar conjuntamente. Todos deberíamos comprender las tecnologías inteligentes y fomentar nuestras capacidades y habilidades humanas. Es más importante que nunca. Estamos en plena revolución de la IA y a las puertas de la de computación cuántica. Cuanto más entendamos las tecnologías que dan forma a nuestras vidas hoy, mejor preparados estaremos para orientar su uso en el futuro.
Todos deberíamos comprender las tecnologías inteligentes y fomentar nuestras capacidades y habilidades humanas
Resulta difícil darse cuenta de hasta qué punto los sistemas informáticos simplifican, amplifican o incluso, en ocasiones, perjudican nuestra calidad de vida. Gracias a ellos hemos logrado más de forma más rápida: tenemos un mejor acceso a las noticias, compramos en línea y disponemos de ciberseguridad. La abundancia de recursos que ofrece la computación en la nube y la gran cantidad de datos generados o captados por los sistemas informáticos han hecho posible la revolución de la IA. Sin embargo, las computadoras no pueden incrementar la eficiencia en la sociedad por sí solas. Se necesitan la creatividad y la iniciativa de las personas para transformar el poder computacional en impactos positivos. ¿Apostaremos por una sociedad que priorice la productividad por encima de todo, o tendremos también en cuenta cómo utilizar esa tecnología para potenciar la humanidad?
Podemos automatizar tareas rutinarias y tediosas que no nos gusta hacer. Las computadoras son excelentes para eso, ya que ejecutan procesos repetitivos sin quejas. Además, pueden fomentar nuestra inteligencia. Es probable que las nuevas generaciones de jugadores de ajedrez sean mejores que las anteriores porque ahora pueden competir contra computadoras en cualquier momento. Ahora bien, otros usos de la tecnología, pueden tener un impacto negativo en la sociedad. El efecto de las redes sociales en la salud mental de los adolescentes es, quizás, el ejemplo más evidente.

Teoría y práctica
En última instancia, todos los sistemas informáticos transforman datos en resultados útiles mediante un procesamiento eficiente. En primer lugar, debemos comprender la naturaleza y la estructura de la información disponible, incluidas sus fuentes, limitaciones y representaciones. Dado que los datos suelen presentarse en grandes volúmenes y poco depurados, utilizamos técnicas como la compresión y la abstracción para reducir su complejidad y separar lo importante de lo secundario. Esto los prepara para los algoritmos, que son procedimientos estructurados, o “recetas”, para extraer significados, resolver problemas o generar respuestas a preguntas complejas. La eficiencia de estos algoritmos es crucial, pues los sistemas ineficientes consumen más energía y recursos sin mejorar los resultados. Una vez seleccionados, los algoritmos se ejecutan en sistemas como plataformas en la nube, redes sociales o motores de búsqueda, que deben diseñarse para ser escalables y robustos.
Ante un problema que resolver, la teoría es la siguiente:
- Comprender los datos y procesarlos, por ejemplo, comprimiéndolos y creando abstracciones adecuadas.
- Aplicar algoritmos eficientes a la información procesada.
- Por último, construir sistemas escalables.
Por encima de todo, la capacidad de acción humana es esencial. Los algoritmos y sistemas no poseen un valor intrínseco, solo se vuelven útiles cuando empoderan a las personas y mejoran la sociedad. La tecnología no es inherentemente buena ni mala; su impacto depende de cómo decidimos usarla.
Herramientas para un futuro mejor
Creo que resolver nuestros problemas actuales ─el acceso a la energía, el cambio climático, el descubrimiento de fármacos o el transporte─ es mucho más importante que preocuparnos por la vida en la Tierra dentro de mil años o por si logramos la AGI (inteligencia artificial general). Con o sin IA general, ya disponemos de la tecnología requerida para abordar estos relevantes retos sociales, pero necesitamos la participación de la sociedad. Es la capacidad de acción humana la que impulsa la utilidad de las máquinas. Debemos comprender los algoritmos presentes en nuestras vidas para no temerlos. Con ello reconoceremos los beneficios que nos aportan y seremos conscientes de que contamos con herramientas para tomar decisiones informadas.
Los algoritmos y sistemas no tienen un valor intrínseco, solo se vuelven útiles cuando empoderan a las personas y mejoran la sociedad
Un debate fundamental es el equilibrio entre eficiencia y humanidad. Necesitamos sistemas que sean productivos para abordar problemas y lograr que tengan un impacto positivo en la sociedad. Aun así, debemos ser cuidadosos al usar la informática y adoptar nuevas tecnologías. Cuando construyamos un sistema, hagámoslo lo más eficiente posible, pero evaluemos antes si mejorará nuestras vidas.
Espero inspirar a las nuevas generaciones a aprender más y a participar de forma activa en la construcción de nuestro futuro. Hacen falta líderes integrales que comprendan la tecnología y sepan cómo utilizarla en beneficio de la sociedad. Mis hijas adolescentes están preocupadas por la IA y me preguntan constantemente qué haremos cuando esta realice todas las tareas mejor que los humanos. Aún estamos en las primeras etapas de la revolución de la IA. Si invertimos en entender la tecnología y exigimos a nuestros líderes que hagan lo mismo, podremos influir en nuestro futuro. Está en nuestras manos, si bien todos debemos poner de nuestra parte. Actuemos juntos para construir una sociedad mejor y más eficiente, donde todos seamos productivos y felices.

